- ¿¿¿Y te vas a ir a Costa Rica sin fusil??? – me dice Javier mientras apura de un trago la mitad del “cañón” que le quedaba.
- No me voy a llevar todo el equipo de un lado a otro, fusiles, traje, 6 kilos de plomo, aletas, etc.- le contesto con tristeza y ciertas dudas. La verdad es que no sabía si iba a tener oportunidad de pescar pero si la había y no me llevaba los trastos seguro que entonaría un “mecagoentoloquesemenea” que se oiría desde Fuenterrabía.
- Te puedo prestar un traje corto y un fusil de 50 con doble goma… ¡si, con doble goma! Se la puse porque al rematar los congrios grandes la varilla no atravesaba el hueso de la cabeza – No se si Javier ha comentado alguna vez que es su pieza favorita y que su fusil ya no tiene espacio para las muescas de los congrios que ha pescado, cuenta una leyenda asturiana que son ya cientos los congrios que se han ido tras él acabando la jornada de pesca. “El flautista del cabo de Peñas” creo que le llamaban ya que los congrios desfilaban uno tras otro al encuentro de su pasapeces.
Pues bien, preparado el equipo gracias a Pixapo: gafas y tubo, linterna, fusil de 50, cinturón con 2 Kg. de plomo, traje corto, aletas de snorkel, cuchillo y un pasapeces por si acaso. Ya no sólo era un dominguero, ahora también lo parecía.
Llego al Caribe, mar picado, agua muy turbia y corrientes peligrosas. Igual el equipo se volvía seco pero al menos cabía en la maleta y era manejable.
En el Pacifico la cosa prometía pero hablando con Fran (onubense, pero ya casi tico) me dice que el mar estaba picado y con nula visibilidad. Aun así, me dice que para echarse un rato al agua encontraremos algún sitio. Había contactado con él unos días antes y quedamos para pescar.
Playa Ocotal
Tarde soleada, playa preciosa, salientes rocosos a los lados, 35 ºC, agua con buena pinta. – No te confíes por el color, no se va a ver demasiado- me dice Fran. Me equipo y me dice mi compañero costarricense: “El pasapeces al cinto no, si no quieres que te muerda un tiburón”
- ¿Los hay grandes? – pregunto.
- El otro día me entró en una espera uno de 4 metros, pero no te preocupes, no hacen nada. Vamos a empezar por esta zona, acantilado que cae en vertical hasta 15 metros con fondo de arena hasta unos 20m. Si quieres tienes unas piedras a 12 metros mas adelante. La linterna no te va a hacer falta, en las cuevas solo hay tiburones y pescado pequeño, la pesca aquí es a la espera. Te dejo mi segundo fusil que esta hecho unos zorros porque aquí no hay posibilidad de comprar material pero es algo mas largo que el tuyo.
Si Pixapo se descojona de mis prolongadas esperas a 8 metros, a 15m, con las aletas que llevaba, agua bastante turbia (2m-2,5m de visibilidad), posibilidad de tener un tiburón de 4m detrás, etc. eran de risa. No suelo pescar a esa profundidad y menos a la espera pero cuando son lentejas…
Fran me indica brevemente los pescados que puedo encontrar, cuales se pueden tirar y cuales no y al agua ya que teníamos poco tiempo hasta el ocaso. Había montones de pescado pequeño, bancos de peces voladores y enormes bogas te pasaban por encima, cuando estabas en el fondo se oían coletazos del pescado pero con la visibilidad que había sólo acertaba a ver alguna sombra. En el fondo, peces globo, ballestas, pargos, peces loro, una especie de meritos pequeños, un cardumen de peces murciélago me rodea en una de las primeras bajadas. En la siguiente veo una mancha enorme acercarse al otro lado de la piedra donde estaba, ¡me había venido a visitar una manta de unos 3 metros! y se sitúa rozando la punta de la varilla. Un pez loro de unos 2,5 Kg. se escabulle detrás de una piedra en otra.
Al subir escucho: “¡¡¡¡MIRA COMO NAVEGA MI BOYA!!!!”- Fran lleva el fusil atado a la boya ya que los “pescaditos” de esa zona no se suben fácilmente desde el fondo. Un jurel arenero de unos 5 Kg. tiraba del cabo de la boya y al rato una serviola cae en el pasapeces de Fran aunque me dice que no ha visto nada más y que no había pescado.
Yo me quedaba pasmado viendo toda clase de peces desconocidos para mí aunque sólo tuve a distancia de tiro dos piezas que no quisieron venir conmigo: un pez loro de unos 2kg y un pargo aproximadamente del mismo peso que se llevó un roce de la varilla en el cogote. No estaba acostumbrado a ese fusil y no pudo ser pero no me importaba, salí maravillado por la diversidad y cantidad de peces. A muchos no les tiré a pesar de tener un tamaño respetable ya que eran desconocidos para mí y me recordaban a peces de acuario y sobre todo después de ver los 5 Kg. de jurel esperaba ver alguna gran pieza.
Cerveza Imperial de rigor al finalizar la jornada y despedida de mi compañero costarricense. Muchas gracias a Fran por todo. El jurel exquisito.
No me quería ir de ese océano sin probar de nuevo, el último día antes del desayuno me levanto pronto y bajo a la playa un rato. Tenía una hora y media. Había algo más visibilidad que el de Playa Ocotal en algunas zonas pero en la orilla no se veía ni medio metro. Tras un rato de pesca yendo detrás de los loros más gordos compruebo que son acorazados tras arrearle un varillazo a uno de unos 4 Kg. con el llavero doble goma de Pixapo, arrancarle unas pocas escamas y marcharse a toda velocidad. !!!Tenía una joroba enorme en la cabeza!!!
Una macarela de unos 5 o 6 kilos me pasa a distancia prudencial mirándome de reojo. Otro pez loro se lleva un varillazo sin éxito y decido tirar sólo a bocajarro llevándome un ballesta y un pez loro. Subo al Hotel y desayuno continental p´al pecho.
Eché de menos mi 100 con las G20 pero me encantó poder meterme en el Pacífico un par de veces. Por cierto, ¿sabíais que hay pixapos en el pacífico?
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